¡Bienvenidos a Atramentum!


Porque un día creiste en mí;
porque un día soñaste acompañarme
en este camino que ahora comienzo,
en el cual tenias la absoluta certeza
de que lo culminaríamos juntos.
Comienzo este camino sola, pero gracias a tí.
Solo el tiempo dirá como lo termino.

martes, 15 de febrero de 2011

Retales encontrados en el baúl de los recuerdos..... "Carta a los Reyes Magos"

Es ocho de septiembre y Mar se dispone a escribir la Carta de los Reyes Magos.
Va a utilizar un papel de esos preimpresos, con un dibujito muy infantil de la cara de los tres Reyes, medio velada, perfilándose desde el fondo de la trama. Tiene unas rayitas muy rectas que parecen trazadas con tiralíneas, muy negras. Las que utilizan los niños para no torcerse hacia arriba y hacia abajo en sus primeras fases de escritura. Pero hace mucho tiempo que Mar escribe recto.
Es la primera vez que le veo coger la pluma Montblanc, que descansa impasible en su escritorio, desde que la conozco. Ella siempre escribe con su ordenador. Da la sensación que estar creando un ritual. Yo la observo, divertido, sentado en el diván frente a ella. Pero Mar, como siempre, no me ve. Ni siquiera sabe que estoy a su lado hace tantísimo tiempo. Por primera vez, desde que le acompaño, acomete una acción que despierta mi curiosidad.
Recoge su cabello en una especie de moño casero, que sujeta con una pinza solo uno poco más alto que su nuca. Resopla. Sabe que tiene por delante una difícil acción.
¿A quien demonios se le ocurre escribir la Carta de los Reyes Magos en septiembre? Pues yo tampoco estaría inspirado, la verdad. Es algo así como si me faltase el tan odiado espíritu navideño. Sus lazos rojos, sus bolitas de cristal colgadas de ramas de plástico bien imitadas. Las bandejas de turrón, mazapanes y 200 kilos de colesterol convertidos en polvorones y mantecados. La corona  navideña en la puerta, los angelitos, los papa noeles, el muérdago, el acebo y demás creencias populares, que por tradición no dejan de ser simplemente chorradas. Y ya ni hablemos de los famosos Reyes Magos. Pero Mar todavía cree en todas esas cosas.
Por supuesto, yo no.
Enciende un cigarrillo. Inspira la primera bocanada y lo apoya con parsimonia en el cenicero. Indudablemente, te lo estas tomando con tranquilidad, guapa. Empiezo a impacientarme.

“Queridos Reyes Magos:
Este año estoy segura de que os llegará. Y aunque la recibáis en noviembre, la guardareis y archivareis junto a las demás. Que porque en septiembre? Es fácil y difícil de explicar. Fácil, porque estoy segura de que la carta del año pasado no os llegó. Difícil, porque siendo magos como sois no entiendo muy bien, discúlpenme sus señorías si les ofendo, como pudo NO llegar. Ya se que no tengo 5, ni 6 ni 7 años. Pero la ilusión con la que siempre la escribo, el cariño con el que pienso cada palabra, cada sentimiento, cada deseo, me cuesta creer que haya caído en el olvido.”

Me estás empezando a joder con tanta sensiblería, Mar. Estoy inclinado sobre tí, leyendo por encima de tu hombro, aspirando tu aroma. Ese aroma que a fuerza de olerlo a diario, se ha convertido en un poco mío también. Me estás ahumando con ese apestoso cigarrillo.
Afortunadamente,  lo apagas.

“A veces me pregunto si los adultos ya no tenemos derecho a escribiros. Si nuestro tiempo pasó. Pero también creo que si no fuese por nosotros, sino transmitiésemos a nuestros pequeños la  magia de la Navidad, la ilusión por los Reyes Magos, está se acabaría diluyendo en humo. Entonces no puedo, ni quiero, creer que los adultos que aun soñamos con una noche mágica, cargada de expectativas; con un tiempo valioso que robamos a nuestra vida diaria para plasmar en un trozo papel cada uno de nuestros deseos e ilusiones, caigamos en el ostracismo. Me niego a creerlo. Por eso se que está vez, llegará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario