¡Bienvenidos a Atramentum!


Porque un día creiste en mí;
porque un día soñaste acompañarme
en este camino que ahora comienzo,
en el cual tenias la absoluta certeza
de que lo culminaríamos juntos.
Comienzo este camino sola, pero gracias a tí.
Solo el tiempo dirá como lo termino.

jueves, 3 de marzo de 2011

Una versión distinta del mítico Jack El Destripador.....



25 de Septiembre de 1888

"Querido Jefe, desde hace días no dejo de oír que la policía me ha atrapado, pero en realidad todavía no me ha pillado. En mi próximo trabajo le cortaré la oreja a la dama y se la enviaré a la policía para divertirme. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo de gritar. Mi cuchillo está tan bien afilado que quiero ponerme manos a la obra ahora mismo. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito [...]

Atentamente, Jack el Destripador."


La Agencia Central de Noticias, remitió a Scotland Yard la misiva recién llegada a sus dependencias. Que en ningún momento fue tomada en serio. Hasta que tres días más tarde se encontró el cadáver de la prostituta con una de sus orejas parcialmente cortada.

Durante todo el mes de Septiembre y Octubre del año en cuestión, los bulliciosos callejones londinenses de Whitechapel se habían quedado vacios al anochecer. El frio, la niebla y el pavor a encontrarse de frente con el destripador estaban cambiando las costumbres populares. Eso unido a las batidas nocturnas de ciudadanos voluntarios conocidos como Comité de Vigilancia de Whitechapel, deseosos de encontrar al malnacido y, dicho sea de paso, cobrar la recompensa de 500 Libras Esterlinas ofrecidas por su cabeza.

De él solo se intuía que era un asesino en serie inteligente, eficaz, burlón, astuto, frío y obsesionado con mujeres prostitutas de barrios deprimidos, cuyo modus operandi consistía en el degollamiento, la estrangulación posterior, lesiones faciales y en la mayoría de los casos la mutilación abdominal y genital incluyendo la extracción de órganos internos. Toda la población se convirtió en sospechosa, especialmente aquellos hombres cuyas profesiones eran la de médicos, carniceros o matarifes cuyos conocimientos anatómicos o quirúrgicos eran imprescindibles en este tipo de homicidios.

Durante el horario diurno, un nutrido grupo de agentes de Scotland Yard se dedicaba a investigar casa por casa en todo el distrito, recogiendo material forense para su posterior examen. Se tomó declaración a unas 2000 personas y se investigó, minuciosamente, a 5 de ellas cuyas profesiones, rasgos físicos, edad, y altura concordaban con el perfil que se había elaborado del asesino.

Y de esas 5 personas, destacaba por encima de las otras 4, una en particular: el Dr. Collins, conocido en todos los estratos sociales. En la alta sociedad londinense por sus exquisitos modales, su vasta cultura y conocimientos. Ampliamente viajado y felizmente desposado con Jackeline, aristócrata norteamericana que conoció en una convención médica en Canadá hacía tres años. Conocido en los barrios míseros, superpoblados, que hacinados convivían en ínfimas condiciones laborales y sanitarias, por su humanidad atendiendo gratuitamente a todas las prostitutas de la zona. Se había convertido en el mayor sospechoso. A pesar de que no hubieran encontrado ni una sola prueba que lo culpabilizara.



16 de Octubre de 1888

"Desde el infierno. Señor Lusk. Señor le adjunto la mitad de un riñón que tomé de una mujer y que he conservado para usted, la otra parte la freí y me la comí, estaba muy rica. Puedo enviarle el cuchillo ensangrentado con que se extrajo, si se espera usted un poco. Firmado, Atrápeme si puede Señor Lusk.

Jack el Destripador."

Acababa de terminar el último interrogatorio exhaustivo y el Dr. Collins y su esposa estaban psicológicamente agotados. El Sr. Lusk esta vez había sido implacable. El decidió salir a dar un paseo, a sabiendas de que llevaría una recua de policías disfrazados, vigilantes voluntarios queriendo pasar inadvertidos e invisibles vecinos en general pisándole los talones. Atándole tan corto que hasta podían exhalarle su respiración en la nuca. Aun así, necesitaba ver a sus pacientes por tanto tiempo abandonadas. Sabía que ahora ellas estarían más seguras que nunca en su compañía y en la de los 200 improvisados celadores que le seguían el paso.

Una vez la casa quedo tranquila, Jackeline se dirigió a la biblioteca. Nerviosa. Deslizó la puerta de madera a sus espaldas y cogió el libro falso de la estantería. Al abrirlo comprobó que todo seguía en su lugar. El bisturí de plata permanecía inmóvil junto a la última misiva escrita por su padre antes de morir, que decía:

“….. Jack, hubieses sido un gran médico ……”

martes, 15 de febrero de 2011

Retales encontrados en el baúl de los recuerdos..... "Carta a los Reyes Magos"

Es ocho de septiembre y Mar se dispone a escribir la Carta de los Reyes Magos.
Va a utilizar un papel de esos preimpresos, con un dibujito muy infantil de la cara de los tres Reyes, medio velada, perfilándose desde el fondo de la trama. Tiene unas rayitas muy rectas que parecen trazadas con tiralíneas, muy negras. Las que utilizan los niños para no torcerse hacia arriba y hacia abajo en sus primeras fases de escritura. Pero hace mucho tiempo que Mar escribe recto.
Es la primera vez que le veo coger la pluma Montblanc, que descansa impasible en su escritorio, desde que la conozco. Ella siempre escribe con su ordenador. Da la sensación que estar creando un ritual. Yo la observo, divertido, sentado en el diván frente a ella. Pero Mar, como siempre, no me ve. Ni siquiera sabe que estoy a su lado hace tantísimo tiempo. Por primera vez, desde que le acompaño, acomete una acción que despierta mi curiosidad.
Recoge su cabello en una especie de moño casero, que sujeta con una pinza solo uno poco más alto que su nuca. Resopla. Sabe que tiene por delante una difícil acción.
¿A quien demonios se le ocurre escribir la Carta de los Reyes Magos en septiembre? Pues yo tampoco estaría inspirado, la verdad. Es algo así como si me faltase el tan odiado espíritu navideño. Sus lazos rojos, sus bolitas de cristal colgadas de ramas de plástico bien imitadas. Las bandejas de turrón, mazapanes y 200 kilos de colesterol convertidos en polvorones y mantecados. La corona  navideña en la puerta, los angelitos, los papa noeles, el muérdago, el acebo y demás creencias populares, que por tradición no dejan de ser simplemente chorradas. Y ya ni hablemos de los famosos Reyes Magos. Pero Mar todavía cree en todas esas cosas.
Por supuesto, yo no.
Enciende un cigarrillo. Inspira la primera bocanada y lo apoya con parsimonia en el cenicero. Indudablemente, te lo estas tomando con tranquilidad, guapa. Empiezo a impacientarme.

“Queridos Reyes Magos:
Este año estoy segura de que os llegará. Y aunque la recibáis en noviembre, la guardareis y archivareis junto a las demás. Que porque en septiembre? Es fácil y difícil de explicar. Fácil, porque estoy segura de que la carta del año pasado no os llegó. Difícil, porque siendo magos como sois no entiendo muy bien, discúlpenme sus señorías si les ofendo, como pudo NO llegar. Ya se que no tengo 5, ni 6 ni 7 años. Pero la ilusión con la que siempre la escribo, el cariño con el que pienso cada palabra, cada sentimiento, cada deseo, me cuesta creer que haya caído en el olvido.”

Me estás empezando a joder con tanta sensiblería, Mar. Estoy inclinado sobre tí, leyendo por encima de tu hombro, aspirando tu aroma. Ese aroma que a fuerza de olerlo a diario, se ha convertido en un poco mío también. Me estás ahumando con ese apestoso cigarrillo.
Afortunadamente,  lo apagas.

“A veces me pregunto si los adultos ya no tenemos derecho a escribiros. Si nuestro tiempo pasó. Pero también creo que si no fuese por nosotros, sino transmitiésemos a nuestros pequeños la  magia de la Navidad, la ilusión por los Reyes Magos, está se acabaría diluyendo en humo. Entonces no puedo, ni quiero, creer que los adultos que aun soñamos con una noche mágica, cargada de expectativas; con un tiempo valioso que robamos a nuestra vida diaria para plasmar en un trozo papel cada uno de nuestros deseos e ilusiones, caigamos en el ostracismo. Me niego a creerlo. Por eso se que está vez, llegará.

domingo, 13 de febrero de 2011

domingo, 6 de febrero de 2011

Me ha encantado y quería compartirlo con vosotros... No es mío (Pep Anton Gómez)

Hay quien dice que las cosas hay que hablarlas
y quien dice que las cosas hay que callarlas
y, al final, habla quien más tendría que callar
y calla quien más tendría que hablar.
Y todo el mundo queda retratado.
Quien calla porque calla, y quien habla porque habla.
Pero lo que está claro es que todos acaban cagándola.
Tanto el que habla como el que calla.
Debe ser algo intrínseco a nosotros mismos.
No sé, algo genético....
¿No dicen que ahora todo es genético?
¿O era transgénico?....

PEP ANTON GÓMEZ (De la obra teatral "SEXOS")

Luciano Pavarotti & Frank Sinatra - My Way

sábado, 5 de febrero de 2011

Esta noche estoy triste Papá....

Hace tanto tiempo que quiero escribirte, que no puedo.
Hace tanto tiempo que necesito llorarte, que no puedo.
Hace tanto tiempo que intento aprender a vivir sin tu presencia
que aunque me voy, duramente, acostumbrando a tu ausencia,
todavía no puedo….

Hace casi un año que he necesitado escribirte, tal vez para no decirte nada, tal vez para decirte todo, quien lo sabe. Tal vez para escucharte, tal vez para que me escuches, tal vez para susurrarte que te echo de menos.
Tus caricias, tu mirada, tus manos tiernas, duras a veces, generosas. Tu alma entregada a los tuyos, tu alma que era tan amplia que a veces dudo si en algún momento fue totalmente tuya. Porque yo al menos sé que tengo un gran trozo de ella, adosada a la mía.
Tu silencio me hiere. No sé dónde buscarte, ni cómo encontrarte. Aun sabiendo que estás siempre a mi lado, no puedo abrazarte. Te huelo y te siento, te extraño. Y hasta mucho después de tu partida, no comencé a darme cuenta de tu ausencia, porque el final de tu presencia fue muy dura para ti. Y para los que estuvimos a tu lado, viendo cómo te apagabas, viendo como la guadaña nos velaba cada noche.
Recuerdo aquella noche, negra. Fuera llovía y yo te hablaba, te contaba. Y te daba las gracias. Tú estabas dormido, postrado, pero sé que una parte de ti me escuchaba, lo sentía aunque no lo mostraras. No podías. Pero llegabas. Llegabas a hacerme entender que me escuchabas, que me sentías y el dolor de verte era tan grande. Varias veces te abracé y te besé, te acaricié y me quedé quieta solo mirándote, escuchando tu arrítmica respiración, sintiéndote. Sabiendo que me sentías. Hoy hace un año, dormía a tu lado….
Y la guadaña nos velaba Papá; y los dos lo sabíamos.